La importancia de visitar a nuestros obreros en el campo

Cuando leemos el Nuevo Testamento con detenimiento, podemos observar que tanto el apóstol Pablo, Juan, y el autor de los Hebreos, hacen mención de la gran necesidad de compañía en el ministerio cuando nos encontramos lejos de nuestra comunidad de fe.

En Colosenses 4:11, Pablo (en prisión por predicar el evangelio) reconoce a los hermanos que han estado con él y dice que han sido un gran consuelo, porque no lo dejaron sólo y trabajaron junto a él. Además, en 2 Timoteo 4:9, Pablo le pide a Timoteo que vaya pronto con algunos colaboradores que son útiles y le lleve las cosas que necesita. Lo mismo hace con Tito con la expresión “te pido que hagas todo lo posible para venir a verme” (Tito 3:12).

Juan, en su tercera carta, alienta a Gayo, para que siga ayudando a los que viajan enseñando el evangelio, porque es nuestra responsabilidad. Luego, el autor de la carta a los Hebreos, se dispone para ir a verlos y si es posible junto con Timoteo que había salido de prisión.(Hebreos 13:23).

Aunque en algunos textos que mencioné, el apóstol se encontraba en prisión, (lo cual no es el caso de la mayoría de nuestros obreros y rogamos a Dios que no lo sea), en todos los casos vemos la necesidad y la relevancia de no dejar solos a los que están lejos sirviendo. Es por esto que espero este artículo, te motive a ver la gran importancia que tiene una visita regular a nuestros obreros en el campo misionero.

Muchos de ellos se encuentran en circunstancias realmente favorables, porque el país los ha recibido muy bien, se han adaptado a la cultura, aprender el idioma no ha sido demasiado difícil, y asociarse a sus equipos de trabajo ha sido natural. Pero, algunos, han sufrido una serie de interrogaciones al ingresar al país donde sirven, han sido un poco hostil con ellos (porque son blancos, o “infieles”), el clima es árido o muy húmedo, las comidas demasiado fuertes o las circunstancias que viven las personas a las que sirven son realmente dolorosas; y hasta su equipo de trabajo, ha tenido problemas para ponerse de acuerdo.

Podría enumerar miles de circunstancias distintas, favorables y otras no tanto, pero todos tienen algo en común; han dejado su casa, familia, iglesia, país, cultura, idioma, etc…

Todos quieren sentirse acompañados, sabiendo que, en el lugar que dejaron alguna vez, hay alguien que los recuerda, que ora por ellos, que ofrenda, que los puede entender. Pero más que eso, todos esperan que alguna vez, haya alguien de su congregación que dejaron por allá lejos (con el fin de servir al mismo Señor que todos servimos), pueda ver y experimentar lo ellos están viviendo.

El objetivo es,  vivir en carne propia, lo que el otro nos comunica en sus cartas de oración, estar con ellos, escucharlos, reír, llorar, compartir un mate, hablar español con otro de tu país, hacer unas pizzas caseras, un asado (si conseguís carne), jugar, cuidar de sus hijos, compartir con los equipos de trabajo.

Lo que te propongo, no es una función más en tus responsabilidades pastorales, ni en tu vida de miembro de iglesia. Lo que te propongo es una relación, un tiempo para compartir vida. Si es necesario, tendrás que escucharlos descargarse, llorar. Si es necesario, tendrás que llevarlos a dar un paseo, a la playa o la montaña, pagarles un pequeño “gustito” fuera de lo común. Tendrás que desarrollar tu discernimiento, tu sentido común. No tendrás que trabajar, solo estar con ellos y compartir la vida cotidiana, el gozo de servir al Señor, el desgarro por la gente que sufre, aprender de equipos que hacen muy bien las cosas, y ayudar a los que no saben cómo hacerlas tan bien.

Hace poco, tuvimos la posibilidad junto con mi esposa, de visitar algunos de nuestros obreros en el campo, y algunos de ellos estaban en una situación “ideal”, pero más allá de eso, lo que quedó bien en claro es, cuanto necesitaban la visita pastoral, esa presencia que “valide”, que fortalezca lo que él está haciendo allí. A todos sus compañeros de trabajo, les decía, “¡vino mi pastor de Argentina!” y con todos pudimos pasar tiempo de calidad.

En otro de los campos que visitamos, decidieron que se podían juntar los obreros latinos que estaban allí y hacer un retiro, compartir la palabra, adoración, ministración, fue maravilloso, fue necesario.

 Cuando hubo necesidad, compartimos la palabra, adoramos juntos. Cuando fue necesario escuchamos, pusimos el hombro para algunas lágrimas y descargo. Cuando fue necesario, salimos a comer, fuimos a la playa, a la montaña, o al shopping. Cuando ellos nos lo pidieron, les dimos un consejo. Hicimos todo, cuando fue necesario.

Pero, fue realmente necesario, que estemos allí, que nos hagamos presente, que invirtamos nuestro dinero, tiempo, esfuerzo, para estar allí en persona, al lado de ellos; conociendo su vida, sus alegrías y sufrimientos, validando y valorando su llamado. Fue necesario compartir, aprender de ellos (aunque nosotros seamos sus pastores) observar con humildad como se desarrollan las cosas en un lugar que no conocemos (ni siquiera hablamos el idioma), fue necesario hacernos vulnerables, y entender que ellos lo fueron, y siguen siéndolo.

Todo eso, para seguir adelante. Afirmar el llamado de nuestros obreros, hacerles sentir importantes, dignos de pertenecer a la familia de Cristo por estar haciendo lo que hacen, mostrarles que merecen que en nuestras “agendas” ellos tienen un lugar, que son tan importantes, que invertimos el dinero con el que nos iríamos de vacaciones, o si tenemos el beneficio que salga del presupuesto de la congregación. Que valen más que un aire acondicionado o una reforma en el edificio.

Nada más y nada menos.

Le escribo a la iglesia toda. Ojalá, cada pastor o líder que apoya a un obrero en el campo misionero, pueda destinar algunas semanas cada año, a visitarlos. Pero si eso no sucede, ojalá, a través de estas líneas, algún hermano sea incentivado a dar algo de su tiempo, de descanso anual, y pasar las mejores vacaciones de su vida, con algún obrero transcultural que necesita la compañía y la comunión de otro hermano en Cristo.

Con amor en Cristo.

Adolfo “fito” Rodriguez.

Categorías: CUIDADO INTEGRAL

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